Un objetivo primordial en la ecología política.

( SOCIALISMO AUTÓNOMO. #Plataforma»0″. 0.3 Flora nativa)

La cubierta natural que caracteriza nuestras bioregiones geográficas y da nombre a nuestra toponimia, inclusive, se debe a el formato, la adaptación de la vegetación reinante. La vegetación siempre es cerca del 90 por ciento de la biomasa disponible en cada bioregión. Se compone principalmente de las especies que dependen de la fotosíntesis para su metabolismo. De ellas depende la recomposición de los suelos. El régimen de aguas y la acumulación de carbono para los que les preocupe este punto del cambio climático.

Primordialmente, los factores que caracterizan la cubierta verde son el clima, la altitud, el régimen de lluvias, la latitud, si te parece. Dentro de ese tipo de variantes, entonces, podemos caracterizar los formatos de la fitoregión con nombres que ya te van a resultar más familiares: desierto, bosque, selva, otros quizás menos frecuentes como fachinal, como bofedal, como mallín, según tengan distintos formatos o régímenes de lluvia o de acumulación de agua en cada uno de los distritos dentro de esas bioregiones fitogeográficas.

En nuestra región sudamericana las condiciones geográficas son megadiversas y se llaman así megadiversas, puesto que nuestras regiones transcurren entre la extrema altitud o el frío o el extremo calor. Van del Ecuador a los casquetes del Antártico, van de la altitud de nuestro gran macizo cordillerano hasta la costa del océano.

Dentro de todas esas gamas de oportunidades biológicas transcurren distintos distritos geográficos y sus subregiones, como por ejemplo la selva, la mata atlántica, la foresta, el monte, lo que llamamos nosotros, el pastizal, el malezal, los humedales característicos también por embalsamados y otras regiones de altura que acumulan agua como las que te mencionaba anteriormente los mallines, los chorrillos, los bofedales, los cañadones.

Estas formaciones vegetales son, ni más ni menos, las más aptas para el filtrado, la acumulación de agua, las que mejor se adaptan, evidentemente, tras millones de años, al régimen de lluvias imperante. Las que intentan con su cotidiano vivir, acumular más vegetación, más leñocidad, multiplicarse y así brindar de sustento a las especies animales que medren o que intenten sobrevivir a partir de ellas. Esto lo caracteriza todo. El hablar de monte, de selva, de sotobosque, tiene que ver con la formación vegetal.

Para nosotros la única manera de hablar de ecología es hablar de la recomposición de estas formaciones fitogeográficas. Es imposible para nosotros abordar un diálogo con cualquier clase de agricultura, puesto que el agricultor va a tomar como primera medida la quema de la vegetación nativa, la introducción de alguna especie foránea que le repute o le interese ser que fuera rentable y su reproducción de manera exclusiva. Razón por la cual a la regeneración espontánea de nuestra cubierta verde se las termina llamando maleza y se aplica sobre ella un herbicida, puesto que compite en la captación de agua y de nutrientes con el cultivar del agricultor.

Es imposible entonces hablar de agroecología. Se trata de un folleto, de un libelo, de una campaña psicológica para endulzar el modelo de ingeniería de uso de nuestro suelo imperante, que no convive ya no solo con la cubierta verde natural, sino que tampoco lo hace con la fauna nativa y ulteriormente perjudica al habitante histórico, al pueblo originario, al verdadero cultor de la naturaleza, de una manera tan, tan mendaz y tan tajante, que muchos hablan de que este sistema podría ser denominado «ecocidio».

Nuestro objetivo de intervención, entonces, si buscamos que la presencia del ser humano tenga un impacto positivo sobre la vida, sobre la naturaleza, al que llamar sinceramente ecología, sea siempre ver por la preservación de las especies nativas, únicas precursoras del bienestar de la fauna, de la recomposición de los suelos y de la constante y útil circulación del agua dulce superficial, tan valiosa hoy día.

Muchos se preguntarán entonces si en si la presencia de un emprendedor rural sea acaso más un problema que una solución. Y la verdad es que no siempre. Hay modelos de explotación rural que son degradantes del suelo, que extinguen la posibilidad de vida, porque evapora el agua o la contamina. Y otros modelos que sí son regenerativos, que sí tienen una transición, una gradualidad hacia la recomposición de la flora y del suelo nativo. Es importantísimo, puesto que la degradación continua, el uso, el aprovechamiento, la ingeniería de uso de un predio rural tiene un umbral decreciente cuando pasamos la raya de la regeneración biológica, de modo que la tarea que hace la flora nativa y la fauna pasa a ser no sólo indispensable, sino ineludible.

Nuestro destino, el destino de la población humana, se perpetúa, se hace permanente sólo cuando interactúa adecuadamente con su entorno natural y biológico. Eso para muchos es la meta del Permahabitante.

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