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El final del programa de fracaso juvenil y la manera de emerger indemne del colapso de la generación dominante.

Hola a todos. Bienvenidos a un nuevo podcast Permahabitante y en ésta una edición más de «El Nuevo Acuerdo Ecológico».


En esta oportunidad hablaré de la readaptación de la educación y la salud.


Para las metas históricas de la educación formal, alcanzar la profesionalidad de un graduado es quizás el objetivo mayor. Sin embargo, en lo que va del siglo 21, y sobre todo en los países de la periferia, los programas educativos han visto con mucha dificultad su capacidad de reincorporarse a los cambios y evoluciones de un mercado laboral cambiante. Y realmente no lo han logrado.


Los índices de éxito de los graduados han sido cada vez peores. No porque no encuentren un trabajo adecuado, sino porque directamente desaparecen los oficios para los que fueron capacitados o el número de incorporación de nuevos puestos no se condice numéricamente con el creciente número poblacional que ofrecen los centros de estudios. No alcanzó tampoco la división del trabajo y la especialización material de los contenidos para poder ofrecer un mercado laboral tan, tan, tan múltiple y diverso a una población aún mucho más múltiple y diversa.


Es así como uno de cada diez niños termina el primario, uno de cada diez de ellos e ingresará la al secundario. Sólo uno de cada 10 del secundario alcanzará un estudio terciario universitario, de los cuales uno de cada diez se graduará. Esta trágica estadística se agrava mucho más en este año 2020, confirmando entonces el fracaso de una educación programática para la masa.


Recuerdo que empezamos a hablar de la especialización profesional de un joven, de modo que si la tasa de éxito entonces fuera de uno en 10 mil. No estamos hablando de un programa educativo para las mayorías, sino de un verdadero cautiverio, de una prórroga psicosocial, de una especie de estantería donde guardar a la masa juvenil postergandola, condenándola a una moratoria psicológica estacionaria que no tiene resolución.


Tampoco la industria o los trabajos más elementales del mercado de los servicios han visto incorporadas su tasa de crecimiento, incorporarse más personas tampoco al trabajo formal ha sido la regla que ha envuelto el siglo 21 en nuestro país, la Argentina, durante el último período, y se agrava notablemente ahora en el 2020, donde concurren ya, diversos factores de crisis a conformar una verdadera decadencia, un natural colapso del programa educativo y su función social.


Este no es sólo un diagnóstico, también ahora es un problema insalvable de futuro. La manera de eludir entonces el fracaso de un programa de estudio que no incorpora a los jóvenes a la vida económica debe ser resuelto de una manera perentoria y apelar entonces a lo mejor de nuestra afectividad y a lo más recóndito de nuestra imaginación para poder convocar a los jóvenes a una nueva y próspera épica de su desarrollo personal.


Para muchos, ya sé, lo vas a escuchar. La crisis está forzada por la telemática, la robótica, la cibernética. Pero no es así. La la estrecha relación del hombre y sus recursos se mantiene intacta. Vos, si lo desearas, podrías tomar un bote y hacerte a la mar y traer una canasta llena de peces nuevamente. Como en la época de Ulises, el griego. Podrías también internarte en el bosque, como cualquier nativo americano con tu arco y con tu flecha y volver triunfante con un ciervo. Sin embargo, parece que ese no es el programa que tienen reservado ni para el mar, ni para los ríos, ni para los bosques de tu entorno.


Y ahora bien, cuál ha de ser entonces la manera en la que hemos de medir económicamente? Cuál ha de ser el objetivo de lo que le vamos a enseñar a los más jovencitos? Cuál, entonces, tendría que ser la regla que nos pudiera conformar a todos nosotros para poder salvar la dificultad que enfrentamos? Y concluir entonces que un trabajo realmente capacitar un niño para su tarea concluye con un hombre feliz, adulto e instalado en una familia que no pasa necesidades. Con quién hay que hablar? A quién tenemos que apelar para generar este marco de acuerdo? Cuál es la fórmula ética por la que vamos a emplazar a nuestra clase pudiente? Y por qué no, también a la clase dirigente a lograrlo? Cómo los convocamos? Si realmente no hay recursos, cómo lo financiamos, si eventualmente no hay oportunidades? Cómo lo planificamos? Tampoco. Entonces, sin una clase política que nos sirva como dirigentes sociales.


Realmente las dificultades se nos agolpan. Se nos llena de preguntas, la agenda y la resolución no puede demorarse más. Puesto que los jóvenes continúan creciendo y añorando la recomposición o la reparación o la sustitución de las generaciones que se van yendo.


La agenda entonces de la readaptación educativa tendrá como meta entonces primera, que todas las restauración de un ambiente digno para poder entonces desplegar allí todas las artes que hagan a la satisfacción de las necesidades de un muchacho.


De ninguna manera. Podemos elaborar nuevamente o reelaborar un cuadro de situación oportuno que el reciba a un muchacho, si mal le va la economía, si colapsado estuviera el Estado, si en crisis la moneda. Nadie va a lograrlo de esa manera, salvo que le agregue una peor condición al que se incorpora al mercado laboral.


La manera de liberar entonces a la juventud de una educación ineficiente es justamente esa la libertad, la capacidad de oler por uno mismo, de orientarse con su propia brújula y de encaminarse rápidamente hacia las metas que los acerquen directamente a las fuentes naturales de recursos económicos.


Es así. No hay otra manera. La aventura de encontrar las oportunidades a como dé lugar. La educación formal ahora en crisis podría ayudar simplificando el camino. Realmente hay la capacidad de la comunicación y de la tecnología combinadas nos deja pensar perfectamente que podíamos sustituir todo el tiempo que pasa la juventud inmovilizada en una escuela, lo podría sustituir de una manera remota. Podría ser presencial una vez por semana. Podría realmente encaminar la demostración de la aplicación del saber a una cosa concreta en el terreno de lo real en el campo durante los otros cuatro días restantes. Y entonces sí, entonces si creerle a la oportunidad, creerle a la prosperidad y creerle y darles motivaciones creíbles a los más jóvenes.


Y lo mejor que se puede aprender tiene que ver con la tierra. Lo más sano tiene que ver con el agua, con el aire libre y todas las demás relaciones de sujeción al contrato laboral, a las formas recurrentes de esclavitud moderna a la que nos impone el mercado dejarlas pasar de lado porque evidentemente no todas se van a recuperar durante el próximo período económico en el mediano y corto plazo.


Y esto ha sido todo por hoy. Mi nombre Arturo Avellaneda y esto fue el podcast Permahabitante. Te pido que si te interesó lo difundas, lo compartas y que si te deja algún comentario pendiente lo dejes por las redes sociales y visites nuestro portal de información Permahabitante.com.ar.


Gracias y hasta la semana que viene.

Todos los lunes un nuevo Podcast de Permahabitante

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