Para ser Tigre necesitas del monte, del agua. Necesitas también recorrer libremente tu sagrado territorio de caza, elegir el arroyo donde bañar a los cachorros y enseñarles a atrapar sus primeras antas. Saber y recordar olores, sabores, huellas, dormideros, aguadas y también dónde puedan acechar trampas y emboscadas. Esa es tu cultura de tigre.

A nuestra fauna la desplaza la conquista que buscaba expandir en nuestro territorio la pastura para su hacienda y despejar terreno también para sus cultivos y siembras. Muchos creyeron ver ahí el progreso al que llamar «la evolución». Pero esa no es la evolución de los hijos de esta tierra, esa es nuestra involución, nuestro exterminio. La civilización europea.

Ya se agotan los montes, arden los bosques y se envenenan los arroyos de pura química. No hay mañanas con pájaros que canten de felicidad. Y hasta se perdieron los coros de los grillos y los conciertos de ranas en homenaje a los chaparrones.

Retrocede así la vida frente al saqueo, queda yermo y desolado el territorio y la supervivencia de nuestras familias pasa a fundarse en la obtención de moneda prestada.

Ahora más agredidos por una nueva generación de mentores del desarrollo ajeno, vemos llegar proyectos de explotación que buscan apropiarse del resto de la vitalidad que le queda a nuestros territorios. Mega minería, deforestación, monocultivo, robo de la pesca y saqueo del agua. La naturaleza toda en manos de la moneda extrajera y toda la vida en la misma jaula. Sin vida, sin cultura, no hay ninguna civilización posible para nosotros.

Seamos tigres y que lo demás no importe nada.

Permahabitante.com.ar

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