Todos hemos escuchado en la escuela eso de insípida, inodora e incolora, pero estos conceptos no son suficientemente justos con el AGUA.

Un camello por ejemplo puede percibir la presencia de agua a kilómetros de distancia y hasta sentir que la arena es la que no tiene ni olor, ni sabor, ni color a nada. Del mismo modo, un tiburón puede captar una parte de sangre por millón en su medio sin percibirlo siquiera como algo salado, mientras que si cualquiera de nosotros ahora bebiera un poco de agua de mar, de la impresión misma sufriría seguramente una fuerte arcada.

El agua tiene esas propiedades para nosotros porque existe una naturaleza que supone acertadamente que sin agua dulce, nuestra presencia en ese lugar carecería completamente de sentido. Al igual que tampoco lo tendría un camello en el mar o un tiburón en el desierto. Donde no haya abundante cantidad de agua dulce, para nosotros no hay nada. Somos agua, nuestra cultura, nuestras ciudades dependen absolutamente de ella antes que de cualquier otro recurso natural o biológico.

Ella alienta la agricultura, hace crecer la pastura que alimenta a la hacienda y es la razón que fundamenta toda la flora y la fauna nativa. Luego recién vendríamos a aparecer nosotros en escena “sostenidos” por ella.

Ella trae la oportunidad, la distribuye y hasta nivela su acumulación por sí misma, procurando indiscutiblemente una manera de organizar la economía mucho más justa de lo que jamás haya alcanzado a conseguir la moneda como riqueza.

Ella solita solventa como ningún financista, distribuye como ninguna línea férrea, comunica como ningún correo, nivela la acumulación como ningún Estado y hasta fertiliza la tierra como si le quedara de paso para que todos bebamos y comamos sin devolución de cargo alguno a nuestras cuentas.

¿Qué economista puede hacer eso?

Dañar el agua es dañarnos, es sembrar pobreza. Es atacarnos arteramente donde nunca imaginamos ser atacados, es pretender hacernos a todos esclavos.

Y esta maldad se ha venido consolidando como práctica recientemente en nuestros territorios. En nuestra cordillera con la mega minería contaminante, con esta nueva agresión a nuestras napas que representa la Fractura Hidráulica.

Con las mega represas hidroeléctricas, cercando nuestras fuentes de agua como lagos y ríos de montaña e incluso llegando a comprometer nuestros glaciares. También con esto que ahora llaman agricultura y que no es otra cosa más que un verdadero despilfarro de muerte envasada y distribuida como herbicida, insecticida, o fungicida en nuestros campos, en nuestras fuentes de alimentos y hasta sobre nuestras mismas casas, dejando un tenebroso rastro de enfermedad y muerte allí donde ya no hay aves, no se escuchan grillos, ni cigarras, y ni siquiera cantan ya las ranas de alegría cuando llega el agua.

Una saga de calamidades continúa además en las grandes urbes donde el drenaje carece de todo saneamiento gracias a la presencia de los vertidos industriales, terminando de inhibirla definitivamente como fuente de vida.

Numerosos conflictos se han venido dando entonces frente al escenario mismo de lo que es la vida. Hay quien sabe, quien calla, quien lucha y hasta aquel que inocentemente resultará damnificado, como en todos los conflictos que provoca entre sí el ser humano.

Es el mismo Padre Sol quien pone en movimiento al agua y ella quien con el impulso de su mirar comunica esa misma vitalidad a nuestra Madre Tierra fecundándola con el correr de cada jornada. El circuito geológico del agua, es el mismo circuito biológico de la vida, calcado en cada etapa, en cada forma, en todas las especies vivas que nacen, crecen, se reproducen y mueren igual que lo hace el agua. Somos hermanos del agua que fluye y que late junto con nosotros, como si conformáramos una misma Gran Familia.

Defendámosla, que no quede ni un arroyo sin ser respetado. Velemos por ella, pongámonos integramente de su lado. El tiempo de hacerlo es ahora. Protejamos a nuestra Hermana el Agua.

WeareWaterNoWallStreet #$O$Water #$O$Agua #SinAguaNoHayVida #ElAguaNoSeCotiza

Texto: Arturo Avellaneda

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